BLOG DE POESÍA Y LITERATURA: Aquí quiero plasmar y entregarles las tradiciones, costumbres, el arte de nuevos talentos de mi tierra, poemas de mi autoria y noticias acontecidas en la cálida ciudad histórica de Chancay.
viernes, 7 de abril de 2017
VIVIEN LEIGH (2016)
HERNÁN ANAYA ARCE / POETA DEL AÑO
HERNÁN
ANAYA ARCE / POETA DEL AÑO
Escribe:
Fernando Jesús Pebe.
Hernán
Anaya Arce explora las posibilidades poéticas desde varias vertientes. Su
poesía que tiene aromas marinos expresa con frescura su sentir popular, pero
también su inconformidad social. Sus poemas navegan por los confines de la red
rescatando valores universales como el amor, la amistad, la unión, la justicia,
la injusticia social.
Recientemente
fue homenajeado (6 de mayo-2016) por la Sociedad de Poetas y Narradores de la
Región Lima Provincias el poeta Hernán Anaya Arce, siendo declarado “Poeta del
Año”, gracias a su fructífera trayectoria poética. Hernán muy emocionado
agradeció las muestras de cariño.
«Quiero
expresar mi más sincero agradecimiento a los integrantes de la Sociedad de
Poetas y Narradores, a su presidente Germán Rodas Vásquez y, de manera
especial, a los socios fundadores y poetas Julio Solórzano Murga y Juan
Zuluaga. Les agradezco por esta labor incansable e incesante en favor de la
literatura y la cultura, una labor que ensalza cada día más el nombre de esta
noble institución, tanto a nivel nacional como internacional.
jueves, 6 de abril de 2017
ANTOLOGÍA DE CUENTOS "LA NUEVA OLA"
miércoles, 5 de abril de 2017
36° FERIA DEL LIBRO RICARDO PALMA (LIMA)
martes, 4 de abril de 2017
EN EL III ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POETAS Y ESCRITORES 2016 "JORGE ALIAGA CACHO"..
miércoles, 16 de noviembre de 2016
Chancay, heredad de las letras y la música: Un recorrido por sus poetas, decimistas y compositores (Siglos XX-XXI)
Chancay,
heredad de las letras y la música: Un recorrido por sus poetas, decimistas y
compositores (Siglos XX-XXI)
Escribe:
Hernán Anaya Arce
Chancay es una tierra bendecida por una deslumbrante tradición intelectual. A lo largo de los siglos XX y XXI, notables creadores han plasmado en sus escritos la historia, las tradiciones y las costumbres de su pueblo, consolidando el progreso cultural de esta cálida y heroica ciudad. La vasta riqueza milenaria, arqueológica e histórica de este territorio ha funcionado como un paraíso de inspiración no solo para los autores locales, sino también para escritores de diversas latitudes de la región, quienes han tributado versos fervorosos a esta emblemática villa.

Los
baluartes de la lírica en el siglo XX: Ortiz Dueñas y Montalvo Cortés
A
inicios del siglo pasado, la poesía floreció con singular fuerza en el Norte
Chico gracias a la obra de Jorge Ortiz Dueñas y Jorge Clemente Montalvo Cortés.
Ambos autores desarrollaron una producción lírica y narrativa profundamente
influenciada por las brisas marinas del litoral y la fertilidad de los valles
de la antigua Villa de Arnedo y Huaral, alcanzando un lugar de respeto en la
literatura peruana.
Don
Jorge Ortiz Dueñas abrazó desde muy joven la vocación docente, un ejercicio que
vinculó estrechamente su sensibilidad con el universo infantil. El profundo
amor que profesaba por la niñez lo llevó a escribir sus primeros versos
orientados a las aulas, una preocupación pedagógica y estética que quedó
plasmada en su tesis académica «La poesía en la escuela». Además de su
producción lírica, Ortiz Dueñas demostró ser un cuentista nato, caracterizado
por una prosa tierna y una innata capacidad de fabulación.

Por
su parte, don Jorge Montalvo Cortés destacó de manera polifacética como
escritor, periodista y comediógrafo. En su vida cotidiana, los efluvios de la
creación poética marcharon al unísono con su labor periodística y su labor
educadora. Célebre por conquistar con sus versos a su dulce Eutropia —quien se
convertiría en su actriz predilecta en los montajes teatrales—, Montalvo legó
una monumental obra titulada «Álbum de Oro Huaralino». Este compendio de tres
tomos reúne antiguas tradiciones, relatos, semblanzas, crónicas y muestras de
folclore que hoy constituyen una fuente de consulta obligatoria para
investigadores, historiadores y estudiantes.

La
trascendencia musical: El genio de Bravo de Rueda y Morales San Martín
El
aporte de Chancay a la música peruana posee un carácter ecuménico. El nombre de
Jorge Bravo de Rueda Querol está inscrito con letras doradas en la historia del
pentagrama nacional. Su inmortal composición «Vírgenes del Sol» fue
internacionalizada en 1951 por la prodigiosa voz de la soprano Yma Súmac, quien
llevó esta melodía a los escenarios más exigentes del mundo.
Desde
su infancia, Bravo de Rueda manifestó una fina inclinación musical, formándose
en la ejecución del piano clásico. No obstante, su mayor virtud residió en la
asimilación del legado prehispánico para fundar el ritmo de la «danza incaica»,
conocido posteriormente como fox incaico. En «Vírgenes del Sol», hoy declarada
Patrimonio Cultural de la Nación, el compositor describe la majestuosidad del
Tahuantinsuyo: el Sol o Inti como divinidad tutelar, el Inca como gobernante
supremo y las acllas o vírgenes del sol como el núcleo lírico de la pieza. Esta
obra se alza como una de las melodías peruanas más difundidas a nivel global y
un pilar fundamental de nuestra identidad.
En
una línea de igual relevancia se sitúa Julio Morales San Martín, autor de la
célebre polka «Jálame la pitita». Esta pieza ha sido interpretada por
agrupaciones de diversos géneros tanto en el Perú como en el extranjero,
destacando las versiones de la célebre orquesta cubana la Sonora Matancera y
del emblemático cantante criollo Luis Abanto Morales.
Morales
San Martín fue un incansable compositor, recopilador y dinamizador de las
veladas musicales de su tiempo. Su libro «Glosas en el alma peruana», prologado
por el reconocido editor Juan Mejía Baca, da cuenta de un paciente trabajo de
rescate del cancionero popular con el fin de salvaguardar la memoria musical
del país. El propio Mejía Baca bautizó al autor como «el Gauchito Morales»,
describiéndolo como un hombre de baja estatura pero de una grandeza escénica
imponente, capaz de encandilar al público con su guitarra, picardía y carisma.
Asimismo, el editor rastreó los orígenes de Morales en el año 1899 en Chancay,
definiéndolo como un «pueblo admirable a través de sus ceramios simples e
ingenuos y de sus inigualables encajes y policroma textilería», herencia
estética que nutrió el genio de este gran creador.
Continuidad
y vanguardia: El panorama de los siglos XX y XXI
La
antigua Villa de Arnedo mantiene viva su condición de cantera inagotable de
creadores. En el siglo XXI, Chancay continúa albergando a una destacada
generación de poetas, narradores e investigadores que transforman la palabra en
lírica, metáfora y canto, manteniendo un vínculo directo y comprometido con el
devenir social de su comunidad.
El
mapa literario contemporáneo se dinamiza con las firmas de autores en plena
actividad como Hernán Anaya Arce, Antonio Silva García, Augusto Palomares
Bazalar, Karol Balta Cáceres, Américo Tafur Rivera, César Colán Valladares,
Neina Gambini y el destacado tradicionista Juan Tapia, custodio de la memoria
oral de la villa.
Asimismo,
este desarrollo cultural se cimenta sobre el legado imperecedero de aquellos
intelectuales que ya partieron, pero cuyas creaciones literarias permanecen
vigentes: Adán Mora Rojas, Miguel Carrillo Mora, Eloy Sánchez Medina, ha dejado
una huella indeleble en el intelecto regional, demostrando que Chancay sigue
siendo, por derecho propio, una auténtica e inexpugnable tierra de poetas,
decimistas y compositores.
SEMBLANZA PÓSTUMO A OSCAR CASTILLO BANDA.
Semblanza
a Oscar Castillo Banda: El maestro de la palabra y el verso
Hoy
es necesario que alguien empiece a hablar de su carrera como maestro, de su
abnegada vida entregada a la juventud estudiantil, y de los grandes amigos que
cosechó en el magisterio y en los círculos literarios. ¿Quién puede hacerlo?
¿Quién puede dar testimonio de sus alegrías, de sus penas y de sus proyectos?
¡Solo los grandes amigos, en nombre de esa amistad imperecedera!
Sus
estudios iniciales los realizó en dos escuelas primarias: aprendió sus primeras
letras en el Colegio N.° 10465 del caserío San Luis de Puña —tierra de su
padre—, perteneciente al distrito de Tacabamba; y culminó el nivel primario en
el Centro Educativo N.° 10475 del caserío de Chugur —cuna de su madre—, en el
distrito de Anguía. Ambos pueblos pertenecen a la provincia cajamarquina de
Chota. Prosiguió sus estudios secundarios en el Colegio de Menores «Víctor
Herrera Delgado», en el distrito de Tacabamba, entre el rumor del río y el
descanso del valle sobre la pampa.
Desde
sus inicios, demostró ser un niño muy responsable e inteligente que cumplía con
sus tareas a cabalidad. Cuenta su padre que, una mañana, su profesor le dijo:
«Aquí se le dará un lápiz al niño y le enseñaremos a escribir». Grande fue la
sorpresa del maestro cuando el pequeño respondió: «Yo ya sé escribir y leer».
Era, sin duda, la precoz voz de un futuro escritor y poeta.
A
los 17 años, cuando apenas asomaba el umbral de su juventud, decidió dejar su
tierra natal en busca de un porvenir. Los ánimos y los deseos de superación
fueron su único equipaje. Así, sin medir distancias entre los cuatro puntos
cardinales, llegó en la década de los noventa a la cálida y hospitalaria ciudad
de Huacho, conocida en la ruta como el Norte Chico. En sus propias palabras, la
consideró su segunda casa: «Acogedor pueblo que me ha dado el complemento a mi
vida».
Después
de una dura batalla por sobrevivir y tras trabajar en diferentes oficios,
decidió estudiar con voluntad y sacrificio hasta convertirse en maestro
titulado en Lenguaje, Literatura y Comunicación (1994-1998). Fue en ese espacio
donde se perfiló hasta transformar la palabra en verso y prosa. En esa etapa de
su vida, conoció a entrañables amigos del magisterio y de la Sociedad de Poetas
y Narradores de la Región Lima.
Oscar
no solo fue un excelente maestro; su experiencia en el ámbito educativo lo
impulsó a asumir grandes retos. En el año 2007, fue destacado al colegio del
distrito de Pachangara, en la provincia de Oyón, donde desempeñó también el
cargo de especialista de la UGEL N.° 14. Luego, fue designado al distrito de
Paccho, perteneciente a la provincia de Huaura, donde ejerció como docente de
Comunicación durante ocho años. Fue allí donde comenzó a gestar sus proyectos
culturales y educativos. Organizó eventos en los que participaron diferentes
centros educativos de los caseríos de la provincia, descubriendo así a nuevos
alumnos con talento para la poesía y la declamación, y acompañándolos en
concursos de nivel regional.
Posteriormente,
se desempeñó como especialista en los órganos descentralizados del Ministerio
de Educación en la UGEL N.° 09 de Huaura. A mediados de 2015, fue promovido a
la Institución Educativa N.° 20334 «Generalísimo Don José de San Martín» de la
misma jurisdicción. Rápidamente se ganó el cariño de sus colegas y alumnos
gracias a su gran sencillez, capacidad, profunda responsabilidad en el área
educativa y excelente disposición para la resolución de problemas.
Como
ser humano, Oscar fue un personaje muy querido por la población huachana. Hizo
grandes amigos en el campo literario; uno de ellos fue Julio Solórzano Murga,
quien lo acogió en la Sociedad de Poetas y Narradores como el gran poeta
cajamarquino que era. Ambos caminaron juntos en los avatares y en el buen hacer
de la cultura a lo largo de las nueve provincias de la Región Lima.
«Osquítar»,
como lo llamaban de cariño, consolidó profundas amistades en el círculo de las
letras: Juan Zuluaga, José la Chira, Hernán Anaya, Germán Rodas, Celia Ariza,
Zuly Infantas, Norka Bríos, Elva Vásquez, Rocío Cunza, Celuva, el maestro Raúl
Gálvez Cuéllar y Jorge Aliaga Cacho. Este último recuerda, entre sus anécdotas,
que Oscar le entregó una alforja cajamarquina tejida por su madre, pidiéndole
que la conservara como un símbolo eterno de su amistad.
A
los 43 años, Oscar poseía notables cualidades para la poesía, dignas de los
grandes escritores. Enfrentó la vida siempre con una sonrisa. Como lo expresara
una colega poeta: «Ayer te vimos alegre junto a nosotros compartiendo poesía, y
hoy ya no estás; parece un sueño». Han pasado los días desde su partida y todos
los que lo conocimos aún nos preguntamos qué fue lo más importante de su vida y
de su deceso, y qué es aquello que lo distingue.
Podemos
concluir que lo distingue el haber sido un buen maestro, amigo y consejero de
la juventud a su cargo. Prefirió la altura y el frío, entendiendo que
despojarse de su propia sabiduría para entregarla a los que menos sabían era un
auténtico privilegio. Fue un amigo incondicional, solidario, con muchos
proyectos en camino y profundamente comprometido con la literatura regional.
Su
legado para la posteridad se resume en «la palabra que nunca muere», una frase
muy evidente en una de sus obras, donde expresaba que lo suyo no era un verso
ni una poesía común, sino un edicto suelto; una forma particular de mirar y
escuchar la vida antes de escribir.
Dejó
innumerables amigos y, sobre todo, lectores que hoy se preguntan a dónde habrá
viajado: si a París, a La Habana o a un reencuentro en Cajamarca con sus
hermanos poetas de Huacho. Sin embargo, partió el día menos pensado, dejándonos
como obsequio su última obra: Alas para el viento.
A
pocos días del III Encuentro Internacional de Poetas y Escritores 2016,
denominado «Jorge Aliaga Cacho» —evento en el que colaboró activamente como
integrante de la comisión organizadora—, Oscar falleció un 30 de julio de forma
súbita, dejando un enorme vacío en el ambiente literario. Dios quiso a un
maestro en el cielo y a un poeta entre sus ángeles.










