miércoles, 16 de noviembre de 2016

SEMBLANZA PÓSTUMO A OSCAR CASTILLO BANDA.


 

Semblanza a Oscar Castillo Banda: El maestro de la palabra y el verso

 Docente, poeta y escritor, Oscar Castillo Banda nació el 15 de octubre de 1973 en las entrañas rurales de Puña, un pueblo que siempre llevó en el corazón. Este caserío se encuentra ubicado entre los entrañables paisajes del distrito de Tacabamba, provincia de Chota, en el departamento de Cajamarca. En aquellos años de adolescencia, Oscar pudo percibir los momentos difíciles que atravesaba nuestro país debido a las convulsiones sociales. Paradójicamente, en ese tiempo la América viva y el mundo también se vistieron de luto por la partida de tres grandes figuras de la cultura universal: el poeta chileno Pablo Neruda, el pintor español Pablo Picasso y el virtuoso violonchelista Pablo Casals. Estos acontecimientos acompañaron su nacimiento y, de alguna forma, estimularon su intelecto y guiaron su pluma hacia la escritura.

Hoy es necesario que alguien empiece a hablar de su carrera como maestro, de su abnegada vida entregada a la juventud estudiantil, y de los grandes amigos que cosechó en el magisterio y en los círculos literarios. ¿Quién puede hacerlo? ¿Quién puede dar testimonio de sus alegrías, de sus penas y de sus proyectos? ¡Solo los grandes amigos, en nombre de esa amistad imperecedera!

Sus estudios iniciales los realizó en dos escuelas primarias: aprendió sus primeras letras en el Colegio N.° 10465 del caserío San Luis de Puña —tierra de su padre—, perteneciente al distrito de Tacabamba; y culminó el nivel primario en el Centro Educativo N.° 10475 del caserío de Chugur —cuna de su madre—, en el distrito de Anguía. Ambos pueblos pertenecen a la provincia cajamarquina de Chota. Prosiguió sus estudios secundarios en el Colegio de Menores «Víctor Herrera Delgado», en el distrito de Tacabamba, entre el rumor del río y el descanso del valle sobre la pampa.

Desde sus inicios, demostró ser un niño muy responsable e inteligente que cumplía con sus tareas a cabalidad. Cuenta su padre que, una mañana, su profesor le dijo: «Aquí se le dará un lápiz al niño y le enseñaremos a escribir». Grande fue la sorpresa del maestro cuando el pequeño respondió: «Yo ya sé escribir y leer». Era, sin duda, la precoz voz de un futuro escritor y poeta.

A los 17 años, cuando apenas asomaba el umbral de su juventud, decidió dejar su tierra natal en busca de un porvenir. Los ánimos y los deseos de superación fueron su único equipaje. Así, sin medir distancias entre los cuatro puntos cardinales, llegó en la década de los noventa a la cálida y hospitalaria ciudad de Huacho, conocida en la ruta como el Norte Chico. En sus propias palabras, la consideró su segunda casa: «Acogedor pueblo que me ha dado el complemento a mi vida».

Después de una dura batalla por sobrevivir y tras trabajar en diferentes oficios, decidió estudiar con voluntad y sacrificio hasta convertirse en maestro titulado en Lenguaje, Literatura y Comunicación (1994-1998). Fue en ese espacio donde se perfiló hasta transformar la palabra en verso y prosa. En esa etapa de su vida, conoció a entrañables amigos del magisterio y de la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima.

Oscar no solo fue un excelente maestro; su experiencia en el ámbito educativo lo impulsó a asumir grandes retos. En el año 2007, fue destacado al colegio del distrito de Pachangara, en la provincia de Oyón, donde desempeñó también el cargo de especialista de la UGEL N.° 14. Luego, fue designado al distrito de Paccho, perteneciente a la provincia de Huaura, donde ejerció como docente de Comunicación durante ocho años. Fue allí donde comenzó a gestar sus proyectos culturales y educativos. Organizó eventos en los que participaron diferentes centros educativos de los caseríos de la provincia, descubriendo así a nuevos alumnos con talento para la poesía y la declamación, y acompañándolos en concursos de nivel regional.

Posteriormente, se desempeñó como especialista en los órganos descentralizados del Ministerio de Educación en la UGEL N.° 09 de Huaura. A mediados de 2015, fue promovido a la Institución Educativa N.° 20334 «Generalísimo Don José de San Martín» de la misma jurisdicción. Rápidamente se ganó el cariño de sus colegas y alumnos gracias a su gran sencillez, capacidad, profunda responsabilidad en el área educativa y excelente disposición para la resolución de problemas.

Como ser humano, Oscar fue un personaje muy querido por la población huachana. Hizo grandes amigos en el campo literario; uno de ellos fue Julio Solórzano Murga, quien lo acogió en la Sociedad de Poetas y Narradores como el gran poeta cajamarquino que era. Ambos caminaron juntos en los avatares y en el buen hacer de la cultura a lo largo de las nueve provincias de la Región Lima.

«Osquítar», como lo llamaban de cariño, consolidó profundas amistades en el círculo de las letras: Juan Zuluaga, José la Chira, Hernán Anaya, Germán Rodas, Celia Ariza, Zuly Infantas, Norka Bríos, Elva Vásquez, Rocío Cunza, Celuva, el maestro Raúl Gálvez Cuéllar y Jorge Aliaga Cacho. Este último recuerda, entre sus anécdotas, que Oscar le entregó una alforja cajamarquina tejida por su madre, pidiéndole que la conservara como un símbolo eterno de su amistad.

A los 43 años, Oscar poseía notables cualidades para la poesía, dignas de los grandes escritores. Enfrentó la vida siempre con una sonrisa. Como lo expresara una colega poeta: «Ayer te vimos alegre junto a nosotros compartiendo poesía, y hoy ya no estás; parece un sueño». Han pasado los días desde su partida y todos los que lo conocimos aún nos preguntamos qué fue lo más importante de su vida y de su deceso, y qué es aquello que lo distingue.

Podemos concluir que lo distingue el haber sido un buen maestro, amigo y consejero de la juventud a su cargo. Prefirió la altura y el frío, entendiendo que despojarse de su propia sabiduría para entregarla a los que menos sabían era un auténtico privilegio. Fue un amigo incondicional, solidario, con muchos proyectos en camino y profundamente comprometido con la literatura regional.

Su legado para la posteridad se resume en «la palabra que nunca muere», una frase muy evidente en una de sus obras, donde expresaba que lo suyo no era un verso ni una poesía común, sino un edicto suelto; una forma particular de mirar y escuchar la vida antes de escribir.

Dejó innumerables amigos y, sobre todo, lectores que hoy se preguntan a dónde habrá viajado: si a París, a La Habana o a un reencuentro en Cajamarca con sus hermanos poetas de Huacho. Sin embargo, partió el día menos pensado, dejándonos como obsequio su última obra: Alas para el viento.

A pocos días del III Encuentro Internacional de Poetas y Escritores 2016, denominado «Jorge Aliaga Cacho» —evento en el que colaboró activamente como integrante de la comisión organizadora—, Oscar falleció un 30 de julio de forma súbita, dejando un enorme vacío en el ambiente literario. Dios quiso a un maestro en el cielo y a un poeta entre sus ángeles.

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