Chancay,
heredad de las letras y la música: Un recorrido por sus poetas, decimistas y
compositores (Siglos XX-XXI)
Escribe:
Hernán Anaya Arce
Chancay es una tierra bendecida por una deslumbrante tradición intelectual. A lo largo de los siglos XX y XXI, notables creadores han plasmado en sus escritos la historia, las tradiciones y las costumbres de su pueblo, consolidando el progreso cultural de esta cálida y heroica ciudad. La vasta riqueza milenaria, arqueológica e histórica de este territorio ha funcionado como un paraíso de inspiración no solo para los autores locales, sino también para escritores de diversas latitudes de la región, quienes han tributado versos fervorosos a esta emblemática villa.

Los
baluartes de la lírica en el siglo XX: Ortiz Dueñas y Montalvo Cortés
A
inicios del siglo pasado, la poesía floreció con singular fuerza en el Norte
Chico gracias a la obra de Jorge Ortiz Dueñas y Jorge Clemente Montalvo Cortés.
Ambos autores desarrollaron una producción lírica y narrativa profundamente
influenciada por las brisas marinas del litoral y la fertilidad de los valles
de la antigua Villa de Arnedo y Huaral, alcanzando un lugar de respeto en la
literatura peruana.
Don
Jorge Ortiz Dueñas abrazó desde muy joven la vocación docente, un ejercicio que
vinculó estrechamente su sensibilidad con el universo infantil. El profundo
amor que profesaba por la niñez lo llevó a escribir sus primeros versos
orientados a las aulas, una preocupación pedagógica y estética que quedó
plasmada en su tesis académica «La poesía en la escuela». Además de su
producción lírica, Ortiz Dueñas demostró ser un cuentista nato, caracterizado
por una prosa tierna y una innata capacidad de fabulación.

Por
su parte, don Jorge Montalvo Cortés destacó de manera polifacética como
escritor, periodista y comediógrafo. En su vida cotidiana, los efluvios de la
creación poética marcharon al unísono con su labor periodística y su labor
educadora. Célebre por conquistar con sus versos a su dulce Eutropia —quien se
convertiría en su actriz predilecta en los montajes teatrales—, Montalvo legó
una monumental obra titulada «Álbum de Oro Huaralino». Este compendio de tres
tomos reúne antiguas tradiciones, relatos, semblanzas, crónicas y muestras de
folclore que hoy constituyen una fuente de consulta obligatoria para
investigadores, historiadores y estudiantes.

La
trascendencia musical: El genio de Bravo de Rueda y Morales San Martín
El
aporte de Chancay a la música peruana posee un carácter ecuménico. El nombre de
Jorge Bravo de Rueda Querol está inscrito con letras doradas en la historia del
pentagrama nacional. Su inmortal composición «Vírgenes del Sol» fue
internacionalizada en 1951 por la prodigiosa voz de la soprano Yma Súmac, quien
llevó esta melodía a los escenarios más exigentes del mundo.
Desde
su infancia, Bravo de Rueda manifestó una fina inclinación musical, formándose
en la ejecución del piano clásico. No obstante, su mayor virtud residió en la
asimilación del legado prehispánico para fundar el ritmo de la «danza incaica»,
conocido posteriormente como fox incaico. En «Vírgenes del Sol», hoy declarada
Patrimonio Cultural de la Nación, el compositor describe la majestuosidad del
Tahuantinsuyo: el Sol o Inti como divinidad tutelar, el Inca como gobernante
supremo y las acllas o vírgenes del sol como el núcleo lírico de la pieza. Esta
obra se alza como una de las melodías peruanas más difundidas a nivel global y
un pilar fundamental de nuestra identidad.
En
una línea de igual relevancia se sitúa Julio Morales San Martín, autor de la
célebre polka «Jálame la pitita». Esta pieza ha sido interpretada por
agrupaciones de diversos géneros tanto en el Perú como en el extranjero,
destacando las versiones de la célebre orquesta cubana la Sonora Matancera y
del emblemático cantante criollo Luis Abanto Morales.
Morales
San Martín fue un incansable compositor, recopilador y dinamizador de las
veladas musicales de su tiempo. Su libro «Glosas en el alma peruana», prologado
por el reconocido editor Juan Mejía Baca, da cuenta de un paciente trabajo de
rescate del cancionero popular con el fin de salvaguardar la memoria musical
del país. El propio Mejía Baca bautizó al autor como «el Gauchito Morales»,
describiéndolo como un hombre de baja estatura pero de una grandeza escénica
imponente, capaz de encandilar al público con su guitarra, picardía y carisma.
Asimismo, el editor rastreó los orígenes de Morales en el año 1899 en Chancay,
definiéndolo como un «pueblo admirable a través de sus ceramios simples e
ingenuos y de sus inigualables encajes y policroma textilería», herencia
estética que nutrió el genio de este gran creador.
Continuidad
y vanguardia: El panorama de los siglos XX y XXI
La
antigua Villa de Arnedo mantiene viva su condición de cantera inagotable de
creadores. En el siglo XXI, Chancay continúa albergando a una destacada
generación de poetas, narradores e investigadores que transforman la palabra en
lírica, metáfora y canto, manteniendo un vínculo directo y comprometido con el
devenir social de su comunidad.
El
mapa literario contemporáneo se dinamiza con las firmas de autores en plena
actividad como Hernán Anaya Arce, Antonio Silva García, Augusto Palomares
Bazalar, Karol Balta Cáceres, Américo Tafur Rivera, César Colán Valladares,
Neina Gambini y el destacado tradicionista Juan Tapia, custodio de la memoria
oral de la villa.
Asimismo,
este desarrollo cultural se cimenta sobre el legado imperecedero de aquellos
intelectuales que ya partieron, pero cuyas creaciones literarias permanecen
vigentes: Adán Mora Rojas, Miguel Carrillo Mora, Eloy Sánchez Medina, ha dejado
una huella indeleble en el intelecto regional, demostrando que Chancay sigue
siendo, por derecho propio, una auténtica e inexpugnable tierra de poetas,
decimistas y compositores.

Yo no sé si hayas leido el cuento que publiqué en octubre de 2016... titulado "Camote... viejo lobo de mar"...
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