Obra
divina
Tu sonrisa
nace lenta, como un secreto al amanecer,
y enciende el
cuarto sin tocar la luz.
En tus ojos
hay calma y fuego a la vez,
una
invitación callada a quedarse un poco más.
Eres curva,
eres canto, eres presencia,
voluptuosa
como verso que no se apura.
La vida te
modeló con manos generosas:
en la firmeza
de tu pecho vive la dulzura.
Hay arte en
cómo te sostienes,
en la
cadencia de tu risa, en tu piel que habla.
Te admiro
como se admira una creación divina:
completa,
real, sin prisa y sin máscara.
Quédate así,
sosteniendo el mundo con tu gracia,
porque en tu
sonrisa y en tu fuerza
se reconoce
la belleza cuando decide quedarse.

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