Cesar Silva Rosas
Estudió Pedagogía en el Pedagógico
"Santa Cruz", Cajamarca. Cursó estudios de derecho y ciencia política
en la Universidad Nacional "José Faustino Sánchez Carrión" de Huacho,
donde se graduó como Maestro en Derecho. Estudió Maestría y Doctorado en
Derecho en la Facultad de Post Grado de la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos, Lima.
Fue docente y director del Colegio
"Manuel Ildauro de Los Santos Camones" de Huacho, y autor del himno
de dicha institución educativa nacional. Es fiscal penal en la Fiscalía de
Barranca. A los 18 años escribe uno de sus primeros poemas titulado "Aves
de Rapiña", donde plasma el sentimiento social de la juventud y del
obrero.
Ha publicado diversos poemas en
revistas en la provincia de Sihuas, Ancash, donde también laboró como docente.
Su pasión por la literatura le ha permitido escribir el libro "Literatura
Infantil: Cuentos, Fábulas y Leyendas" (2007). Y el presente poemario
"Cuando Vuelvan las Rosas".
Escribe: Hernán Anaya Arce
El catedrático Freddy Pajuelo Atis en su riguroso prólogo, la poesía de César Silva trasciende el mero desahogo lírico para consolidarse como una obra de madurez conceptual y estética incuestionable. Lejos de las improvisaciones contemporáneas, Pajuelo Atis desborda con seriedad el análisis de Cuando vuelvan las rosas, definiéndolo como un texto de impecable arquitectura, donde cada verso responde a un canon de exigencia formal y honda lucidez intelectual.
Cuando Vuelvan las Rosas de César Silva
Adentrarse en las páginas
de Cuando vuelvan las rosas, el más reciente poemario de César Silva, es
asistir al rescate de un mapa emocional que creíamos perdido en el bullicio de
la modernidad. A mi entender, el título mismo no es una simple promesa
cronológica, sino una conmovedora declaración de añoranza. Es el grito de quien
vuelve la mirada hacia aquello que la tinta invisible del destino escribió en
nuestras vidas, rescatando del olvido esos instantes grabados en el álbum de
nuestra memoria más íntima.
La poesía de Silva no se conforma con
ser un mero ejercicio de estilo; es un latido expuesto y vulnerable. En su voz
conviven, con sorprendente armonía, dos corrientes que parecieran opuestas: la
pasión desbordada y la contemplación pastoral. Es en la confluencia de estos
dos ríos donde el poeta edifica un delta fértil. Por un lado, nos sacude el
fuego arcano de los cuerpos, el misticismo del primer amor, ese idilio de
juventud a los catorce años que se pierde pero jamás se apaga. Y el dolor de la
profanación lírica del ser amado. Por el otro, nos arrulla la paz bucólica del
orden primigenio, el refugio en la naturaleza, el ciclo rural y el silencio de
la puna fría donde la lluvia cae sobre una casona triste.
Lo que verdaderamente fascina de esta
obra es su capacidad para recordarnos que el romanticismo no es una corriente
del pasado, sino una postura enhiesta ante la vida. Silva nos incita al
"incendio de la felicidad" a través de versos que buscan contagiar a
los corazones heridos y edificar la esperanza en la juventud. Incluso en sus
momentos de mayor desolación y hastío cuando se cuestiona el tiempo perdido
como un labrador incierto, el diáfano corazón del poeta no se rompe: se
entrega al viento.
Cuando vuelvan las rosas es, en
última instancia, un umbral salvador. Un viaje donde la figura milagrosa de la
madre actúa como bandera y donde el lenguaje, a veces desgarrado y otras de una
tersa placidez, nos reconcilia con nuestra frágil humanidad. Silva nos
demuestra que, a pesar de los inviernos del alma y de los aislamientos
necesarios para encontrarnos a nosotros mismos, siempre habrá una fresca mañana
donde los ojos del amor asomen con los rayos del sol, custodiando la flor que
late detenida en el pecho. Una lectura imprescindible para quienes aún se
atreven a sentir sin reparos.

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