Con la mirada puesta en el horizonte
Estás sentada en la orilla del mar,
escuchando el sonido de las olas,
mientras tu mirada melancólica
se pierde en el horizonte del océano.
Es el lugar idóneo para dejar atrás el pasado,
donde el cielo ya no es un misterio
y tus pensamientos se liberan y se fusionan
con la brisa matinal de verano
y con el graznido áspero de las gaviotas,
trayendo un instante de quietud y paz.
Estás sentada en la orilla del mar,
donde rompen las mareas rumorosas,
y los rayos del sol se posan en tu piel,
iluminando tu grandiosa belleza
mientras el paisaje azul te observa y te venera,
como si el cronómetro del mundo se detuviera
en el fulgor perpetuo de tu pupila,
sobre la arena fragmentada de conchas y corales
que sostienen tu real existencia,
con la mirada puesta en el horizonte.
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