Idilio de verano y mar
Y el agua salada del mar no borrará mis huellas;
permanecerán por siempre,
por más que la vida
sea breve.
BLOG DE POESÍA Y LITERATURA: Aquí quiero plasmar y entregarles las tradiciones, costumbres, el arte de nuevos talentos de mi tierra, poemas de mi autoria y noticias acontecidas en la cálida ciudad histórica de Chancay.
Idilio de verano y mar
Y el agua salada del mar no borrará mis huellas;
permanecerán por siempre,
por más que la vida
sea breve.
La
belleza y el mar de Chancay
Sentada
en la orilla, traje azul como el cielo,
la
arena te devuelve el reflejo del vuelo.
A
tus pies el Pacífico, inmenso y sereno,
guarda
secretos viejos en su manto de hielo.
Al
fondo se alzan grúas, gigantes de acero,
mega
puerto que anuncia un tiempo certero.
Pero
tú eres el verso que el mar no ha perdido:
belleza
descalza, de sol y de suspiro.
Chancay
te contempla entre el mar y la historia,
donde
el viento del puerto susurra tu gloria.
Y
mientras el mundo camina sin prisa,
la
vida se enciende con tu bella sonrisa.
Cesar Silva Rosas
Estudió Pedagogía en el Pedagógico
"Santa Cruz", Cajamarca. Cursó estudios de derecho y ciencia política
en la Universidad Nacional "José Faustino Sánchez Carrión" de Huacho,
donde se graduó como Maestro en Derecho. Estudió Maestría y Doctorado en
Derecho en la Facultad de Post Grado de la Universidad Nacional Mayor de San
Marcos, Lima.
Fue docente y director del Colegio
"Manuel Ildauro de Los Santos Camones" de Huacho, y autor del himno
de dicha institución educativa nacional. Es fiscal penal en la Fiscalía de
Barranca. A los 18 años escribe uno de sus primeros poemas titulado "Aves
de Rapiña", donde plasma el sentimiento social de la juventud y del
obrero.
Ha publicado diversos poemas en
revistas en la provincia de Sihuas, Ancash, donde también laboró como docente.
Su pasión por la literatura le ha permitido escribir el libro "Literatura
Infantil: Cuentos, Fábulas y Leyendas" (2007). Y el presente poemario
"Cuando Vuelvan las Rosas".
Escribe: Hernán Anaya Arce
El catedrático Freddy Pajuelo Atis en su riguroso prólogo, la poesía de César Silva trasciende el mero desahogo lírico para consolidarse como una obra de madurez conceptual y estética incuestionable. Lejos de las improvisaciones contemporáneas, Pajuelo Atis desborda con seriedad el análisis de Cuando vuelvan las rosas, definiéndolo como un texto de impecable arquitectura, donde cada verso responde a un canon de exigencia formal y honda lucidez intelectual.
Cuando Vuelvan las Rosas de César Silva
Adentrarse en las páginas
de Cuando vuelvan las rosas, el más reciente poemario de César Silva, es
asistir al rescate de un mapa emocional que creíamos perdido en el bullicio de
la modernidad. A mi entender, el título mismo no es una simple promesa
cronológica, sino una conmovedora declaración de añoranza. Es el grito de quien
vuelve la mirada hacia aquello que la tinta invisible del destino escribió en
nuestras vidas, rescatando del olvido esos instantes grabados en el álbum de
nuestra memoria más íntima.
La poesía de Silva no se conforma con
ser un mero ejercicio de estilo; es un latido expuesto y vulnerable. En su voz
conviven, con sorprendente armonía, dos corrientes que parecieran opuestas: la
pasión desbordada y la contemplación pastoral. Es en la confluencia de estos
dos ríos donde el poeta edifica un delta fértil. Por un lado, nos sacude el
fuego arcano de los cuerpos, el misticismo del primer amor, ese idilio de
juventud a los catorce años que se pierde pero jamás se apaga. Y el dolor de la
profanación lírica del ser amado. Por el otro, nos arrulla la paz bucólica del
orden primigenio, el refugio en la naturaleza, el ciclo rural y el silencio de
la puna fría donde la lluvia cae sobre una casona triste.
Lo que verdaderamente fascina de esta
obra es su capacidad para recordarnos que el romanticismo no es una corriente
del pasado, sino una postura enhiesta ante la vida. Silva nos incita al
"incendio de la felicidad" a través de versos que buscan contagiar a
los corazones heridos y edificar la esperanza en la juventud. Incluso en sus
momentos de mayor desolación y hastío cuando se cuestiona el tiempo perdido
como un labrador incierto, el diáfano corazón del poeta no se rompe: se
entrega al viento.
Cuando vuelvan las rosas es, en
última instancia, un umbral salvador. Un viaje donde la figura milagrosa de la
madre actúa como bandera y donde el lenguaje, a veces desgarrado y otras de una
tersa placidez, nos reconcilia con nuestra frágil humanidad. Silva nos
demuestra que, a pesar de los inviernos del alma y de los aislamientos
necesarios para encontrarnos a nosotros mismos, siempre habrá una fresca mañana
donde los ojos del amor asomen con los rayos del sol, custodiando la flor que
late detenida en el pecho. Una lectura imprescindible para quienes aún se
atreven a sentir sin reparos.
Obra
divina
Tu sonrisa
nace lenta, como un secreto al amanecer,
y enciende el
cuarto sin tocar la luz.
En tus ojos
hay calma y fuego a la vez,
una
invitación callada a quedarse un poco más.
Eres curva,
eres canto, eres presencia,
voluptuosa
como verso que no se apura.
La vida te
modeló con manos generosas:
en la firmeza
de tu pecho vive la dulzura.
Hay arte en
cómo te sostienes,
en la
cadencia de tu risa, en tu piel que habla.
Te admiro
como se admira una creación divina:
completa,
real, sin prisa y sin máscara.
Quédate así,
sosteniendo el mundo con tu gracia,
porque en tu
sonrisa y en tu fuerza
se reconoce
la belleza cuando decide quedarse.
En tus ojos
Se enciende la tarde en tu mirada
Un brillo quieto que no pide permiso.
Tus ojos hablan sin decir palabra,
Y me invitan a perderme en su abismo.
Tu sonrisa asoma como un secreto,
Suave, cálida, con luz de verano.
Es promesa y calma al mismo tiempo,
Un gesto que me toma de la mano.
En la curva de tu risa hay música,
Hay verano guardado en un instante.
Y cuando me miras, el mundo se achica
Y todo lo demás se vuelve distante.
Quédate así, con esa luz encendida,
Que en tu sonrisa y tus ojos se queda la vida.