lunes, 17 de julio de 2017

Retorno a las letras regionales: Se publica la II Antología Poética de la Región Lima



Escribe: Hernán Anaya Arce


    
  Retorno a las letras regionales: Se publica la II Antología Poética de la Región Lima

La Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima acaba de lanzar su esperada segunda antología poética. Bajo la premisa de que, a pesar de lo difícil que resulta promover la cultura en nuestro medio, es urgente difundir el arte. Esta publicación nace como un esfuerzo colectivo para visibilizar el trabajo de los vates que dan vida a las distintas provincias de la región.

Esta edición especial está enteramente dedicada a la memoria de Óscar Castillo Banda, querido maestro y poeta. La estela luminosa que proyectó este insigne cajamarquino en la poesía regional perdurará para siempre en la hermosa tierra de Huacho, ciudad que él mismo consideró su segunda casa.

Un puente literario sin fronteras geográficas

La obra reúne a diez talentosos poetas y viene escoltada por un fino prólogo del distinguido promotor cultural Juan Zuluaga Valle. En su presentación, Zuluaga define la literatura regional no como un simple concepto, sino como una escala superior de producción artística nacida en localidades como Huacho, Chancay, Santa María y el Callao:

“La presencia de escritores y poetas con importante producción literaria, que convergen en la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima, hace posible la II edición de la antología literaria institucional. Como parte de su compromiso con la literatura y con el hombre, reúne una vez más a jóvenes valores y destacados representantes de la institución que, a lo largo del tiempo, han venido perfilando un estilo propio y representativo, mereciendo críticas y apreciaciones no solo a nivel local, sino nacional e internacional”.

Pero este compendio va más allá de sus fronteras iniciales, pues también acoge a intelectuales del interior del país, originarios de regiones como Cajamarca y Huancavelica. Estos autores, residentes desde hace muchos años en el Norte Chico, convierten este libro en una manifestación literaria sin límites geográficos.

El objetivo es claro: promover tanto a poetas noveles como consagrados, y lograr que sus producciones en verso y prosa sirvan de inspiración para estudiantes de todos los niveles educativos y para el público en general.

Contra la literatura centralizada: Julio Solórzano Murga

Esta publicación es vital para los escritores de las nueve provincias de Lima. Históricamente, la literatura centralizada en la capital tiende a desconocer la enorme y rica producción que existe en las regiones.

Uno de los grandes defensores de esta descentralización es el huachano Julio Solórzano Murga: poeta, escritor, promotor cultural y fundador de la Sociedad de Poetas y Narradores. Es precisamente él quien abre el telón literario de la antología con su conmovedor poema “Cuando muere un poeta”.

La muerte de un creador es un tema universal. Grandes autores han dedicado versos a aquellos cultivadores de la palabra cuyas voces se apagaron. Por ejemplo, el colombiano José Miguel Pérez Amézquita escribió:

“Cuando se muere un poeta, / las letras se quedan viudas, / y la inspiración se esconde, llorando, tras de la luna; / y la musa queda sola, huérfana y taciturna / porque los versos no fluyen, su voz ha quedado muda”.

Asimismo, el recordado autor paraguayo Florentín Giménez empuñó su pluma para expresar:

“Cuando muere un poeta, muere el canto a la vida. / Como él, pues ninguno vio las cosas sentidas. / Cuando muere un poeta, se duerme una esperanza, / se acalla una palabra, se pierde una luz blanca, / una luz que se apaga”.

En esta segunda antología, Julio Solórzano rinde homenaje a la exquisita pluma de Óscar Castillo Banda —quien partió tempranamente— y al gran César Vallejo, a quien considera el mejor poeta de todos los tiempos. En su poema “Cuando muere un poeta”, nos regala estas líneas:

“Cuando muere un poeta, / no hay un adiós / ni un hasta luego, / solo hay un presente / que queda en la mente, / cual recuerdo urgente / del poema que un día / escribió para siempre”.

Las voces de la antología: Romance, docencia y tradición

José Salvador Temoche: El romanticismo puro

Continuando el viaje a través de las páginas, encontramos a José Salvador Temoche, un joven poeta que concentra su pensamiento en la creación de versos y acrósticos dedicados a su musa. En su poema “Mujer bonita”, destaca las cualidades personales y la alegría de la mujer amada:

“El día en que nos presentaron / mis ojos presos de ti quedaron; / tu belleza espiritual / no tiene igual”.

“Tratable, amable y afable, / eres digna de ser loable, / siempre jacarandosa / y también muy hermosa”.

Carmen Giraldo Alejo: Sensibilidad y naturaleza

Por su parte, Carmen Giraldo Alejo es una poetisa de gran sensibilidad que plasma en su obra su experiencia como docente de educación primaria, orientando parte de su producción a la literatura infantil, además de tocar vertientes románticas, sociales y ecológicas. En su pieza “Cierro mis ojos”, combina el sentimentalismo con la fuerza de la naturaleza:

“Cierro mis ojos y siento / las caricias del aire con aroma primaveral, / como si fueran tus delicadas manos / que recorren mi cuerpo con pasión”.

“Cierro mis ojos y siento / tu mirada que penetra mi alma, / queriéndome desvestir con bravura / como las olas del mar en su vaivén de furia”.

A través de una fantasía marina, la autora se distancia de los convencionalismos de su entorno profesional para introducirse de lleno en una lírica apasionada.

Germán Rodas Vázquez: Homenaje a la escuela y a Huacho

Finalmente, la antología destaca a Germán Rodas Vázquez, docente de vocación y excelente poeta con múltiples publicaciones y artículos educativos en diarios de la provincia de Huaura, méritos que le han valido numerosos reconocimientos. Su pluma viaja por diferentes estilos; en esta obra, se incluyen sus poemas “Cuando muere un maestro” y “Huacho, capital de la hospitalidad”:

“Cuando muere un maestro / hay tristeza en la escuela, / se apagan las voces, / se enlutan las letras, / los libros platican / silenciosamente”.

“Cuando muere un maestro / se entorpece la ciencia, / la cultura no avanza, / se apagan las luces / del cielo infinito”.

Con estas líneas, Rodas Vázquez trasluce la profunda tristeza de despedir a un educador de vocación, cuya sabiduría se marcha con él. Sin embargo, también dedica sentidos versos de agradecimiento a la tierra donde radica desde hace muchos años:

“Huacho, hermosa ciudad hospitalaria, / cada año que pasa te veo más poblada; / eres pesquera, turística y agraria, / acogedora, heroica y abnegada”.

“Tus hijos siempre han demostrado / con foráneos una firme amistad, / por eso te han galardonado: / CAPITAL DE LA HOSPITALIDAD”.

Esta segunda antología poética es, sin duda, una cita obligatoria para descubrir el alma del Norte Chico y celebrar la descentralización de nuestras letras.

 Nuevas voces y versos de protesta: Las promesas que consolidan la literatura de la Región Lima

La escena literaria del Norte Chico sigue renovándose con fuerza. En esta oportunidad, ponemos la lupa sobre Fernando Grijalva Vásquez, Kirk Zerillo García y Maite Flores Plaza, tres jóvenes promesas de la escritura huachana que, más allá de su juventud, se van consolidando como referentes de la literatura regional gracias a la madurez de sus propuestas.

Junto a ellos, el compendio suma la experiencia y sensibilidad de autores que conectan el Callao, Carquín y la sierra peruana en un solo mapa poético.

 La frescura de la juventud huachana

Fernando Grijalva Vásquez: Un refugio para la memoria

Fernando es un joven constructor de poesía que nos regala la frescura de una palabra nueva. A través de la reflexión, nos invita a mirar hacia la vejez en su poema “A los olvidados abuelos”:

“Abuelos, / aquellos seres que engendraron a nuestros padres. / Seres que imaginamos siempre con pasos lentos, / piel arrugada por el paso del tiempo, / surcos dejados por cada experiencia / y madurez adquirida por los años”.

“Es tanta la dulzura y paciencia que emana de ellos, / pero muchos olvidan y no saben / que son como niños por dentro; / tan incomcomendidos y olvidados / por los seres que más aman”.

El poema funciona como una tierna dedicatoria y, al mismo tiempo, como una sutil denuncia contra el olvido familiar. Nos recuerda que los abuelos, guardianes de la sabiduría y el cariño, conservan la fragilidad de un niño y merecen ser protegidos.

Kirk Zerillo García: Versos con enfoque social

Kirk es un poeta emergente con propuestas que oxigenan las letras locales. Su poema “Pasión” ya fue seleccionado internacionalmente en España por Ediciones De Letras para la antología “VER S.O.S”. En esta ocasión, nos presenta “Otra mujer”, un texto de corte reivindicativo:

“Deseo encontrar a otra mujer que no exija solo una rosa rosada, / sino que también ambicione trabajar sin ser acosada”.

“Otra mujer que pretenda laborar y ser madre con derecho real; / otra mujer que exija respeto en su liderazgo organizacional”.

“Otra mujer que desee una vida sin agresión: / una nueva herencia para esta nación”.

Zerillo rompe con los viejos moldes del machismo y retrata a la mujer del siglo XXI: una figura luchadora, líder y capaz de alcanzar cualquier meta, exigiendo el respeto y la equidad que le corresponden por derecho.

Maite Flores Plaza: El mar como confesionario

Licenciada en educación, Maite aparece como una atractiva promesa de las letras peruanas con un perfil romántico, social y existencial. En “Vuelo de gaviotas”, utiliza el paisaje costero como cómplice de sus emociones:

“En la brisa serena de las olas / nacen los sueños a lo lejos, trazando calma por ver / tu rostro perfecto. / Puedo decir que este mar / es ¡mío!, no, ¡nuestro!”.

A pesar de un entorno que por momentos se torna hostil, la voz poética insiste con intensidad:

“Junto a las gaviotas que cruzan fugaces en el cielo / nos hacemos uno en un beso, / saboreando de a poco un perfecto sueño; / y solo puedo decir que / este mar es ¡mío!... error, ¡no, nuestro!”.

Maite no teme revelar instantes de íntima plenitud. El mar deja de ser un espacio de soledad o propiedad privada; sus olas rompen el silencio para demostrar que el paisaje y el sentimiento no pertenecen a uno solo, sino a dos.

 Identidad, aprendizaje y el eco de la protesta

Juan Panana Contreras: El arte de resurgir

Nacido en el Callao, Juan fue trasladado por sus padres a la hermosa Caleta Carquín desde muy temprana edad. Fue en sus aulas escolares donde descubrió su pasión por la poesía. En esta muestra, comparte una lección existencial con “De cada error se aprende en la vida”:

“¿Quién no ha cometido, alguna vez, / algún error en la vida? / Si no es así, que lo diga / con voz profunda y digna, / porque en esta vida / muchas veces tenemos tropezones y caídas”.

“Pero de cada caída se aprende en la vida / cuando se toma conciencia / de lo mal que se hizo un día; / y eso nos da fuerzas / para ser mejores todavía”.

Panana nos invita a la superación personal. Su poema propone que, antes de hundirnos en la culpa, analicemos los fallos para transformarlos en el impulso necesario para ser mejores seres humanos.

Elva Vásquez Rodríguez: La voz de la tierra y la protesta

Elva es de padres cajamarquinos pero hualmayana de nacimiento. Cuenta con una trayectoria respaldada por premios en cuento y poesía. Junto a Zuli Infantas Verástegui, forma parte activa de la Sociedad de Poetas y Narradores de la Región Lima, destacando tanto en la creación literaria como en la gestión pedagógica y cultural del país.

En esta antología, Elva nos ofrece una poesía de protesta cargada de metáforas exquisitas con “Aunque luego apaguen mi voz”:

“Camina con pasos ligeros. ¿Quién es? ¿A dónde va? ¿Ni para qué? / ¡Allá va! / Empuñando en una mano el chullo, en la otra la impotencia de justicia, / porque con voz en cuello y enérgica dijo: ¡ya no más!”.

“¿Por qué bajaste de tus montañas y dejaste la pureza y el encanto de tu puna, / tus cristalinos ríos y tus montañas con aroma a eucalipto y retamas? / ¡Mi pueblo ha sido invadido por seres sin conciencia!, dijo. / ¡Mi tierra, mi suelo... el agua del río cambió su sabor y su cauce, y el aire tiene olor!”.

“Mi tierra ya no da buena cosecha, ¡su suelo cambió de color! / Se fue el trinar de las aves, se apagaron las luces de la luciérnaga. / Con mil promesas y mentiras llegaron a mi pueblo; / sin respuesta alguna procedieron”.

 Con un tono nostálgico, pero profundamente combativo, la autora alza la voz por las comunidades andinas frente a la degradación medioambiental y el engaño, convirtiendo la palabra en un escudo de justicia social.

 “Abriendo las entrañas de nuestros cerros, arrasaron sus minerales y usufructo. / Los tesoros que valen solo para ellos, ¡mas no para mi pueblo!”.

Con estos versos, Elva Vásquez asume la indignación de cualquier poblador frente a un modelo extractivista que castiga los territorios sin medir el impacto ambiental. Su poesía retrata un conflicto latente: la expansión minera que afecta la salud y la vida de las comunidades ante la indiferencia del gobierno.

Versos contra la indiferencia y cantos de identidad

Zuli Infantas Verástegui: El dolor de la infancia desamparada

Zuli es huancavelicana de nacimiento, licenciada en educación y una maestra con una profunda sensibilidad social. Desde su juventud cultiva la poesía y la declamación, inspirada por la obra de César Vallejo. Actualmente conduce el taller “Persianas del alma literaria” y el programa radial “Caras de la Cultura - Filial Huaura”.

Tras publicar recientemente su poemario “Azúcar de colores”, nos regala en esta antología un desgarrador extracto de “Qué, del yugo miserable”:

“La tarde tenue / las calles mojadas / la iglesia callada / y en el silencio / de sus luces que oscurecen / solloza un pobre niño”.

“En cuestión de segundos / pasa uno… diez… cien… / no sé cuántos más / como espuma efervescente / crece de repente / detestable indiferencia… / ¡qué va!”.

“De pálido rostro / como hoja de clavelito otoñal, / sus ojitos / cual dos luceros entre apagados, / manitas callosas… dolorosas, / cuerpito en desmedro / de andar despacito / con vocecita temblorosa: / tengo hambre… mucha hambre”.

“¿Quién me explica / absurdas pruebas? / ¡Creación imperfecta! / ¡Insensatez del yugo miserable! / Mientras tanto / aumenta el dolor humano / en cada nacimiento en desamparo, / en el desconsuelo eterno / de tu explicable inexistencia”.

A través de esta aguda poesía social, la autora utiliza escenarios cotidianos —las calles, la iglesia y el silencio nocturno— para denunciar el maltrato y el abandono infantil. El poema es una fuerte crítica contra la indiferencia ciudadana y la falta de protección hacia los más vulnerables.

Alcibíades Morales Torres: El orgullo de la identidad huachana

Alcibíades destaca por escribir poemas muy bien estructurados donde el romanticismo y el amor filial conviven con un profundo orgullo por su tierra. Sus versos más bellos suelen estar dedicados a su madre y a sus raíces. En esta ocasión, nos entrega “Huacho de mis amores”:

“Huacho de mis amores, / tierra querida. / De valles risueños, alegres, / campiña florida, por Dios bendecida. / No hay tierra más hermosa y bella / que la tierra mía”.

Estas líneas son un canto de pura identidad. Morales Torres describe con devoción las bondades geográficas, las campiñas y el encanto del lugar que lo vio nacer y crecer, consolidando a Huacho como el gran motor de su inspiración.

Hernán Anaya Arce: La metáfora de la libertad absoluta

El poeta chancayano Hernán Anaya Arce escribe desde temprana edad. Sus obras han sido publicadas en diversos medios literarios, ha sido antologado múltiples veces en cuento y poesía, e incluso varias de sus creaciones han sido ilustradas al óleo. Para Hernán, la poesía es una forma de manifestar su existencia, cantándole a la naturaleza, a su madre y a la libertad. En este volumen participa con “Libre quiere ser”:

“El ave que está en una jaula / sin semblante y sin su canto, / con el sentimiento vestido a rayas, / tiene el sueño y la mirada profunda / en los ríos, puquios y manantiales… / Libre quiere ser”.

Así como los seres humanos valoramos una vida sin limitaciones en sociedad, Anaya utiliza al ave en cautiverio como una poderosa metáfora. El poema nos recuerda que los hombres y los animales compartimos el mismo planeta y cumplimos un rol en él, por lo que el respeto a la libertad debe ser una condición universal para todos los seres vivos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario